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Un destacado grupo de científicos colombianos entre los
cuales se destacan Van der Hammen, Carrizosa, Guhl y Rodríguez el
exministro del Medio Ambiente, mucho antes que Al Gore pusieron de
presente el manejo irracional de la tierra, los bosques y las aguas,
pero, fue este último el que se percató que el eje de la política
actual había girado hacia los problemas ambientales como el movilizador
de las acciones sociales más expedito. Y esto, en Colombia lo hemos
venido experimentando para no mencionar sino dos casos emblemáticos en
el caso de Santurbán que logró como en el caso de la mina La Colosa de
Cajamarca la acción colectiva de todos los sectores de la sociedad que
ven afectados sus intereses y que siguen en estado de alerta en la
defensa de sus derechos y del medio ambiente.
¿Qué hay de fondo en la conocida crisis del sector rural
del agro? Desde un punto de vista general los factores que aducen los
agricultores y ganaderos no son relevantes, lo cual no quiere decir que
no sean motivos de protesta en cuanto afectan la vida económica de los
habitantes rurales, pero lo que, en realidad puso en estado de coma la
producción agrícola fue una merma considerable de la productividad,
producida por el mal uso paulatino de la tierra, que produjo una merma
progresiva de la producción y entonces, unos más otros menos, vieron
reducidas también sus ganancias, lo que generó la protesta por el
reparto de la torta. De tal suerte, que caficultores, ganaderos,
palmicultores, arroceros, papi cultores, productores de leche, que
cobijan principalmente a medianos, pequeños, minifundistas agrícolas de
las tierras de ladera típicamente andinas y el gobierno en plena
reelección antes de disponer de unas conclusiones para nuevas políticas
del Pacto Agrario, la Misión Rural y la Comisión de Estudios
Cafeteros, ha tenido que utilizar ingentes recursos en forma de
subvenciones a los distintos sectores para calmar el vendaval que
afectó de manera grave la credibilidad del gobierno de Santos. Y digo
que no son relevantes factores como el costo de los fertilizantes, otros
insumos como los fitosanitarios, herramientas, así, se reduzcan sus
precios y se incremente su utilización, van a remediar el hecho
contundente que es el uso irracional del suelo que nos ha venido
presentando preavisos, que indican que tal uso irracional condujo a un
deterioro irreversible de millones de hectáreas de todo el país,
comenzando por las zonas ganaderas de las llanuras cálidas de todo el
país, seguido de la ladera andina y los páramos de nuestras tres
cordilleras y por tanto, en estas condiciones el problema político que
plantea hoy el agro tiene que enfocarse con una nueva visión que
involucre los factores ambientales como ejes ineludibles de la
solución.
Ganadería sinónimo de daño ambiental
La ganadería ocupa el lugar privilegiado en el deterioro y
destrucción del medio ambiente. La catástrofe del Casanare lo ha
opuesto en evidencia. Llevamos más de 500 años derribando la selva,
cuyo valor en especies maderables, recursos biológicos animales y
vegetales y bio-diversidad útiles al hombre, es millones de veces mayor
que todo el hato ganadero junto. Es sabido, que producir un kilo de
carne genera 16 kilos de Dióxido de carbono (CO2) y que en Colombia hay
unos 24 millones de cabezas de ganado que en promedio incrementan unos
150 kilos en el año, por l que, están generando 60 millones de
toneladas de CO2 (25 millones por 150 kg., por 16 kg.), que es
equivalente a los generarían unas 6000 industrias, que no las hay en
todo el país. Una vaca de unos 400 kilos de peso ha contaminado tanto
como 76 barriles de petróleo y con un hato de 24 millones de cabezas
pastando en 35 millones de hectáreas el impacto destructivo es
demoledor por el “ejercicio irresponsable del uso de la tierra”. El
subdirector de Agrología del Instituto Agustín Codazzi el lunes pasado
declaró que “la sobreutilización del suelo con el pastoreo genera una
compactación de la tierras y por ende la pérdida de nutrientes: el
ganando puede cambiar la estructura del suelo” La República,
07/04/2014) , por eso, los ganaderos han visto morir miles de animales
que en el solo Casanare la cuantifican en 120.000 millones de pesos, lo
cual demuestra su irracionalidad dado que con esta suma podrían
introducir inversiones para cambiar el modelo depredador, reducir el
espacio y mejorar la productividad que tiene un potencial 10 veces
mayor que los remedios que propone Fedegan consistente en volver a
sembrar parte de los árboles que antes derribaron, por un sistema
silvopastoril que deja intacto el sistema de latifundio ganadero y de
paso echarse al bolsillo cinco mil millones de dólares que dice
Lafaurie costaría la reconversión y que aspira a que el gobierno se los
regale.
Casanare o la cultura del hato: un súper-exceso de ganadería
La sequía en los Llanos Orientales y en particular en el
Casanare ha puesto el dedo en la llaga. El Editorial del diario La
República ya mencionado puso de presente que “La ganadería nada
sostenible, especialmente, la extensiva y la de carne no está en la
línea de un modelo productivo eficiente y sigue abriendo potreros en
selvas húmedas y ganándole terreno a los páramos cuando son de leche”
Esta declaración pone de manifiesto las falencias de la ganadería tal y
como la llevado hasta ahora y la irracionalidad que ha impuesto el
modelo de cultura del hato típico del Casanare. Puso también en primer
plano un nuevo actor que no ha conmovido: el chigüiro, que desde
siempre ha sido considerado por estos ganaderos como su enemigo
natural, que le competía a las vacas por la pastura y al hombre por los
minúsculos cultivos de maíz y yuca. Entonces, la conclusión absurda
fue eliminarlo. Uno de los métodos para hacerlo consiste en las quemas
de las sabanas, para sustraerle la comida y obligarlo a alejarse de la
manada vacuna y de la chagra; luego, se concertaron para cazarlo y
todos los “colonos” se reunieron en una feroz cacería para
exterminarlos, aprovechando en forma mínima su carne. Pero con la
construcción de carreteras en aquella región, se unieron a los colonos,
otros forestaron que montaron la industria de cazar chigüiros para
vender su carne en las ciudades del interior y particularmente en
Venezuela donde esta es muy apetecida, condiciendo a que la especie este
virtualmente en vías de desaparición. Además, la irracionalidad de
este modelo de ganadería extensiva consiste en que el Chigüiro es el
animal que mayor cantidad de carne al año produce, pues, con sus 20
crías que sobreviven y que alcanzan un peso de 30 kilos en el año suman
600 kilos, esto es, cuatro veces más que los vacunos. También su cuero
es uno de los más apetecidos por la industria marroquinera y del
calzado. A esto es a lo que llamo la “cultura del hato”, que no está
afincada en la productividad, sino en el prejuicio social de la “gran
propiedad” o cultura de la “geofagia” que respalda a los casanareños
por ser el segundo hato más grande del país, con sus dos millones de
cabezas, con un modelo que consuma un atentado ecológico consistente en
que en el Casanare , como en la Orinoquía y la Altillanura es
costumbre la quema de millones de hectáreas de pastos y paja llanera,
para evitar la proliferación de malezas y dejar que el invierno
produzca el rebrote del pasto. Es un modelo depredador que no considera
que el suelo es un organismo vivo que va siendo destruido
paulatinamente hasta convertirse en desierto, a medida en que se
suceden las quemas, que van degradando las pasturas, reduciendo la
productividad y por tanto también las ganancias del negocio. En estas
condiciones el ganadero termina cediendo el terreno al arrocero que cree
poder cultivar de manera sostenible y aprovecha las vegas de los ríos,
pero continúan su obra depredadora, escarbando con el arado y el
rastrillo, provocando el daño irreparable de la estructura de los
suelos que los vuelve inservibles. Y finalmente, llega el palmicultor
cuyos proyectos, sino no mediara en su gran mayoría ser operaciones de
lavado de dinero, no habría capitalista que los desarrollara, por lo
menos en el tipo de suelos de los Llanos Orientales.
En el Casanare además, hay otro limitante como son lo
rocoso de los suelos, la mayor acidez de los suelos, lo reducida o
carente de capa vegetal y por lo tanto su incapacidad para retención de
la humedad y una temperatura promedio de 25 grados centígrados y no
disponer sino de un solo periodo de lluvias en el año.
El Caturra daño irreparable de los suelos en zonas cafeteras
Desde los años de 1970 la Federación de Cafeteros
introdujo la siembra de la variedad caturra en todo el país, que tenía
como presupuesto derribar los arboles de sombrío, especie como el guamo
que por ser leguminosa aporta nitrógeno natural a los suelos y una
agricultura auxiliar como el plátano de sombrío, con lo cual dejaron
expuestos a la radiación solar directa los suelos y a la escorrentía de
las aguas que terminó en 30 años, lavando dichos suelos y reduciendo
su productividad, que condujo a los caficultores del eje cafetero
principalmente a erradicar miles de hectáreas en Quindío, Risaralda y
Caldas como en otros departamentos del país. La caficultura migró a
otras regiones como Huila, Cauca y Nariño, donde con toda seguridad
viviremos la misma experiencia. A esto, se le debe sumar donde se
realice las perforaciones profundas de los petroleros con la sísmica
inicial que provoca modificaciones estructurales de suelos en muchos
casos.
Destrucción de los páramos
Destruir la vegetación nativa de los páramos con la
introducción del cultivo de la papa es ser un “mala papa”, esto es, algo
que se mira con desprecio y desdén y con la intención de causar daño. Y
eso sucede con los páramos que por efectos de la geofagia están siendo
copados por los cultivos de papa que por el atáquela de la polilla,
aparecida por el cambio climático, han encontrado los cultivadores
que subiendo el techo del cultivo entre 100 y 200 metros mitigan el
daño a la papa, pero agravan el causado a la ecología paramuna. Maestros
y científicos como e Van der Hammen y Ernesto Gulh previnieron sobre
que la destrucción del páramo ponían en riesgo la propia vida humana y
animal. La situación del páramo es aún más angustiosa puesto que detrás
de la papa va la vaca que completa el cuadro de degradación, al
destruir un tipo de vegetación que es imposible de recuperar. También
en el campo se desarrolla la piromanía con las quemas de frailejón y de
las tuberas (acumulaciones mayúsculas de musgo acuático) La solución
al problema de los páramos tiene que ser radical y consiste en cambiar
estas fuentes de agua, por subsidios para los habitantes de los mismos y
convertirlos en “sembradores de páramo” a los que se les puede pagar
por hectárea recuperada.
El arroz no, los arroceros otros depredadores
Amplias zonas del valle alto del rio Magdalena, la meseta
de Ibagué, y la zona La Sierra- Ambalema ocuparon con el cultivo del
arroz unas 300.000 hectáreas, que por el uso irracional del suelo, el
agua, los paquetes tecnológicos de la revolución verde y el abuso del
rastrillo, el arado y el subsolador causaron un deterioro en los suelos
que los desertificó, lo cual ha reducido la productividad. Aquí la
forma de propiedad o mejor de gran propiedad del suelo volvió a los
dueños de esta en rentistas que solo les importaba una alta renta y sin
cuidar el suelo, pues si este se daña, pasan a la ganadería para
terminar en tacada como dicen los billaristas. Tampoco las condiciones
ecológicas interesan al arrendatario pues este solo le interesó una
ganancia suficiente para sobrevivir y luego pasaba a otras tierras o se
retiraba del negocio. A los llamados arroceros esta situación no les
preocupa porque su fuerte es la comercialización de la cadena del grano
y ante cualquier escasez apelan a las importaciones que les autoriza
el gobierno, que de paso lo utilizan para camuflar el contrabando, que
según expertos les esta generando mas ganancias que el grano nacional.
Los subsidios son para los ricos
Colombia agrícola crece al 2.4 % anual, lo cual es el 50%
del crecimiento constante de toda la economía, lo cual le ha hecho
perder a la agricultura participación en el PIB y entonces ser mirado
el sector como insignificante. Y entonces, los agricultores que están
en el “colchón de la comodidad” presiona, arman una alharaca y el
gobierno corre a promover subsidios por todas partes. Adjudicó a
palmeros 280.000 millones de pesos para combatir la pudrición de
cogollo. Sábelo dios, si los utilizaran para este fin y llegar a la
conclusión final de que la tal erradicación es un imposible. Otro grupo
de productores ricos que son los floricultores se echaron al bolsillo
unos 50.000 millones de pesos y el sector de productores ricos de leche
recibió 85.000 millones de pesos para reconversión productiva. Con
Incentivo a la Capitalización Rural (ICR) se hicieron la mayor ricos a
100.000 millones de pesos. Estos son los programas de reactivación del
campo a base de mermelada es decir, están orientados a alinear a los
compadres del gobierno en la reelección presidencial, que contará con
el reciente aumento de venta de TES en 20.000 millones por mes durante
un trimestre y 250.000 millones de pesos que se tomó el gobierno de las
utilidades del Banco Agrario, reduciéndole al mínimo su capacidad de
dar crédito a los agricultores y ganaderos.
A esta crisis y desorden e ineficiencia en las políticas
responde uno de los ideólogos de la nueva política rural José Leibovich,
Consultor del Instituto de Ciencia Política con la idea de construir
mas vías terciarias, redistribuir los subsidios y abrirse a la
inversión extranjera. Es decir, medidas como si al suelo en Colombia no
le hubiera pasado nada por el uso irresponsable de muchos productores.
Pero estos son factores que no se pueden palpar desde el escritorio,
pero, que llevó a Junguito a declarar que “no proveemos de manera
adecuada los alimentos”, sin percatarse que en estas condiciones
ecológicas y económicas enfrentan un nuevo paradigma para la
agricultura.
Según el IDEAN el porcentaje de emisiones de gas efecto
invernadero por sectores, corresponde la mayor participación a la
ganadería con un 20 % del total, seguido por la agricultura con un 18
%. Téngase en cuenta que la ganadería además produce al gas metano, por
el sistema complejo de digestión de los bovinos, que es 21 veces mas
perjudicial que el dióxido de carbono.
Como conclusión final podemos afirmar que la “culpa no es
la vaca”, ni que seamos unos “malapapa”, sin que la voracidad
desorbitada de los grandes terratenientes ganaderos que como lo informo
el Presidente de Fedegan son apenas unos 8.000 en todo el país, pero,
le pueden a 40 millones de habitantes que quieren un medio ambiente
sano. Esta pues, abierto un gran campo para la nuevas formas de
actividad política.
Edición N° 00395 – Semana del 11 al 17 de Abril – 2014
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